Los hijos de la democracia
es el lúcido e irrefutable alegato sobre la continuidad del Estado español nazifascista de Franco en el Estado español nazifascista del Rey que Franco nombró publicado en GARA el 17 de marzo de 2002 por Iker Rodrigo Basterretxea, compañero de la joven Aiboa Casares Etxebarria detenida y torturada en la redada de SEGI de los días 7 y 8 de marzo.
kolaborazioak * Iker Rodrigo Basterretxea
Los hijos de la democracia
Me contaba mi ama que, cuando yo aún no había nacido, en Euskal Herria se vivía en un auténtico estado de excepción. Las manifestaciones estaban prohibidas, los derechos de reunión o expresión eran pisoteados diariamente, la ikurriña era ilegal y la gente que intentaba cambiar las cosas era carne de presidio, no sin antes ser torturada en las comisarías, o se veía obligada a refugiarse en Iparralde. La gente iba a la cárcel por repartir propaganda subversiva, por ir a una mani o, simplemente, por hablar en euskera. Pero yo no he vivido eso, soy un hijo de la democracia, sólo tengo veinticinco años.
Yo no he vivido eso hasta el jueves de la semana pasada. Ese jueves, a eso de las doce de la noche, me sacaron de la cama con los golpes que una docena de policías le daba a la puerta a la vez que gritaban «abra, Policía». Entraron encañonándome, buscaban a Aiboa, otra hija de la democracia que se encontraba conmigo. Después de esposarla e informarnos de que no podíamos hablar, pues estaba incomunicada, registraron mi casa durante hora y media, siempre rodeados de policías encapuchados y armados, y se la llevaron. La última vez que la vi la sacaban del registro de casa de su ama. Siempre he sabido que tiene que resultar muy dura una detención, la incomunicación y todo lo que ello conlleva. Ahora lo he vivido y es más duro de lo que pensaba. La impotencia ante la prepotencia y chulería, ante las amenazas de los policías, encapuchados, y la pasividad del secretario del juzgado resultan insoportables.
El lunes, después de tres días de incomunicación, después de tres días sin saber nada de ella, pude verla en los calabozos de la audiencia nacional. Ha ingresado en la prisión de Alcalá, tiene veintún años, los cumplió ayer, es una hija de la democracia, pero está en la cárcel, ha sufrido malos tratos y fuertes presiones en comisaría por lo mismo que hace treinta años, la acusan de ir a reuniones, de participar en manifestaciones, de hacer política, de pertenecer a Segi. No sé qué ha cambiado en estos treinta años. La situación de hoy en día se parece a la de entonces, en Euskal Herria sigue habiendo un auténtico estado de excepción contra la juventud y contra todo lo vasco, aunque algunas personas no lo quieran ver. Parece que luchando contra Franco se vivía mejor.
No he corrido delante de los grises, pero sí he visto cómo los beltzas se liaban a tiros en una mani; no viví el Proceso de Burgos, pero vi cómo la dirección de una formacion política iba a la cárcel; no viví la censura en los medios, pero sí el cierre de "Egin"; no viví la ejecucion de Txiki y Otaegi, pero sí la de Inaxi Zeberio, la de Basajaun o la de Txorta; no he vivido los toques de queda, pero sí he vivido detenciones masivas en base a montajes absurdos, sí he visto cómo jóvenes de veinte años eran condenados a doce, catorce o dieciséis años de cárcel por quemar un cajero o un autobús; no he vivido las torturas de Melitón Manzanas, pero sí he visto las sufridas por Iratxe Sorzabal, Unai Romano o más de cerca los malos tratos sufridos por Aiboa. No he vivido la dictadura, ¿o sí? Las formas han cambiado, pero el fondo no.
Aiboa y los otros once detenidos, al igual que los jóvenes encarcelados acusados de ser de Haika, son hijos de la democracia, de esa democracia enmascarada, dictadura de hace treinta años, la misma que encarcelaba y encarcela a la gente por pensar. Zorionak, Aiboa!
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